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“La extorción: la sombra del trabajo”

  • Foto del escritor: jakeline mishell morales mis
    jakeline mishell morales mis
  • 17 abr 2024
  • 6 Min. de lectura

cronica - Mishell Morales



En Guatemala, la falta de oportunidades económicas cada vez son más escasas, en especial para las áreas urbanas y comunidades vulnerables. Como consecuencia, esto provoca que la población afectada, en especial los jóvenes, busquen incursionar en los grupos criminales que operan alrededor del país, ya que estos grupos delictivos buscan principalmente reclutar a jóvenes para cometer actividades ilícitas a cambio de ofrecer una entrada económica.


Llega un nuevo día para poder laboral, Gerber González, como todos los días se levanta a las 5 del mañana para salir a trabajar, todos en la casa todavía duermen, enciende su carro espera cinco minutos para que el motor caliente y poder arrancar y salir a trabajar, se va para la parada donde esperan seis taxis más, unos particulares otros no, le da 15 quetzales al señor que está parado llamando a las personas para que puedan cargar su taxi eh irse ya cargado, para empezar su ruta.  










González de 25 años, tuvo la dicha de terminar sus estudios diversificados a pesar de los problemas económicos. Luego se enfrentó con la odisea de buscar un trabajo sin la experiencia requerida por las empresas, y como consecuencia se topó con la indiferencia y la falta de oportunidades laborales, tenía una familia que dependía de él, por lo cual no podía pasar mucho tiempo sin laborar. 


Por esa razón buscó una persona que rentara un carro para poder trabajar como taxista, a pesar de que no lo miraba como una oportunidad viable, decidió continuar con el trabajo por varios meses. Luego por el ambiente laboral en que socializaba conoció a compañeros que lo indujeron al beber bebidas alcohólicas. 













A medida que pasaba el tiempo le gustaba tomar a diario, por lo cual fue perdiendo amistades, trabajo y la relación con su familia, es en ese momento que los dueños de los taxis ya no le daban los carros para que los trabajara y él quería trabajar, pero solo para poder tener dinero para comprar alcohol, cuando ya no tenía trabajo opto por una salida” fácil”, fue ahí donde empezó a robar, compraba ropa en las pacas de a quetzal para que las personas no lo reconocieran. 


A medida que pasaba el tiempo las padillas lo reclutaron para que el extorsionara comercios, seguía consiguiendo carros para poder trabajar de taxi, el no dudo el hacerlo ya que para él no había otra opción para poder trabajar, el por momentos pensaba “si está mal lo que estoy haciendo y me quiero salir de esta vida” pero este es un camino que no tiene una salida feliz. 













Gerber González un joven que vive con sus abuelos, su mama vive en otra zona, el papa tiene otra familia, sus abuelos son su figura paterna, cada uno tiene 68 años, lo regañan, aconsejan y siempre le hablan de que tiene que hacer las cosas bien, sabiendo ellos a que se dedica, pero el amor hacia él y que no se aleje de ellos los ha llevado a la conclusión de dejarlo hacer lo que quiera. 













Muchas veces cuando una persona habla de extorsionistas o de personas que roban se imaginan a personas tatuadas con una mala vestimenta, y no, González es una persona “normal” que, si las personas lo detienen en las calles para adquirir un servicio en su taxi, se suben con toda la tranquilidad, sin pensar a que se dedica la mayor parte de su tiempo. 


En medio de tantas situaciones que pasan las personas, hay constates luchas por mantener una familia por no dejarla sin comer por poder pagar cada uno de los servicios agua, luz y renta de casa, “por más que los jóvenes quieran trabajar a veces se les niega el acceso por falta de experiencia y es ahí donde opta a otras salidas para poder generar dinero” según Jocelyn Orozco experta en el tema. 













Las personas pueden recurrir a la extorsión por una variedad de razones, y estas motivaciones suelen estar relacionadas con factores sociales, económicos, psicológicos y culturales, por ejemplo, la Necesidad económica, falta de oportunidades laborales o la pobreza extrema pueden llevar a las personas a buscar formas desesperadas de obtener ingresos, y la extorsión puede parecer una opción rápida y lucrativa. 


También la presión de grupos criminales en algunos casos, las personas pueden ser coaccionadas o reclutadas por pandillas u organizaciones criminales para participar en actividades de extorsión bajo amenaza de violencia o represalias. 


Algunas personas pueden carecer de un sentido de moralidad o empatía hacia los demás y pueden estar dispuestas a aprovecharse de ellos con fines de lucro personal, incluso si eso implica causarles daño o sufrimiento y en situaciones donde existe conflicto interpersonal o disputas, las personas pueden recurrir a la extorsión como una forma de obtener venganza o ejercer control sobre otros.




 








Las personas que luchan contra problemas de adicción o trastornos mentales pueden recurrir a comportamientos delictivos, como la extorsión, para financiar sus hábitos o como resultado de sus desequilibrios emocionales y en algunos casos, la codicia y la ambición excesiva pueden llevar a las personas a cometer actos de extorsión en busca de poder, control o enriquecimiento personal. 


Gerber Gonzales es un joven que por falta de oportunidades y la adicción al alcohol lo llevo a practicar un acto ilícito, él se encarga de recibir el dinero de diferentes comercios, estos se han convertido en algo “normal” para el como para las personas. “las personas para estar tranquilas en su negocio y no tener problemas con nadie pagan si ningún problema,” índica Gonzales. 


La extorsión puede tener un impacto significativo en la capacidad de los comercios para operar de manera efectiva y segura, cuando los comerciantes son víctimas de extorsión, se ven obligados a destinar parte de sus ingresos para pagar los sobornos exigidos por los extorsionadores, lo que puede afectar su capacidad para reinvertir en sus negocios, pagar a sus empleados y mantener sus operaciones.   


Además del aspecto económico, la extorsión también puede generar un ambiente de miedo e inseguridad entre los comerciantes y sus empleados, el temor a represalias por parte de los extorsionadores puede llevar a una disminución en la actividad comercial, el cierre de negocios e incluso la emigración de los propietarios y trabajadores hacia áreas consideradas más seguras. 



 









También puede tener un impacto negativo en la reputación de un negocio, si se sabe que un comercio ha sido objeto de extorsión, los clientes pueden perder la confianza en él y optar por comprar en otros lugares. Esto puede llevar a una disminución en las ventas y, en última instancia, al cierre del negocio. 


En Guatemala el inicio de las extorciones fue a partir del año 2004 pero fue hasta el año 2009 cuando se reforma en el código penal. “Quien, para procurar un lucro injusto, para defraudarlo o exigirle cantidad de dinero alguna con violencia o bajo amenaza directa o encubierta, o por tercera persona y mediante cualquier medio de comunicación, obligue a otro entregar dinero o bienes; igualmente cuando con violencia lo obligare a firmar, suscribir, otorgar, destruir o entregar algún documento, a contraer una obligación o a condonarla o a renunciar a algún derecho, será sancionado con prisión de seis a doce años inconmutables” 


En el año 2014 se creó una fiscalía contra el delito de la extorción, esta acción, que implica destinar recursos financieros y humanos específicos, demuestra la relevancia de este hecho delictivo en el país. 


Las tasas de las extorciones esta significativa y altamente relacionadas con municipalidades urbanas que tiene alta población “no indígena”, de enero de 2015 a diciembre de 2021 más del 50% fueron registradas en los departamentos Guatemala, Quetzaltenango y Escuintla. Guatemala por sí solo acula el 41% de los casos y los departamentos de Alta Verapaz, Totonicapán, Quiché, Sololá, Huehuetenango, San Marcos y Baja Verapaz, en donde vive la mayor parte de la población maya del país. 


Es importante ofrecer apoyo y protección a las víctimas de extorsión, así como garantizar que tengan acceso a la justicia y a los servicios sociales necesarios para reconstruir sus vidas, esto puede incluir la creación de líneas directas de denuncia anónima, programas de asistencia legal y psicológica, y medidas de protección para las personas amenazadas. 



 










En Guatemala se ha conformado un grupo especial contra las extorciones GECE, que lo integra policías capacitados y pertenecientes a diferentes especialidades, en principio con 400 motocicletas patrullaran las zonas y municipios de Guatemala, esto ayudara a que se desarrollen los pueblos y no se limite las libertades y los derechos de los ciudadanos. 



 










“Desde hace varios años y quizás décadas, las extorsiones han mantenido en angustia a miles de familias guatemaltecas. Los extorsionistas acaban con la paz de hombres y mujeres, trabajadores, sobre la base de amenazas, de insultos, de atropellos, con los que aterrorizan a comerciantes pequeños y medianos empresarios y a ciudadanos comunes para arrancarles la riqueza que generan con su trabajo honesto de cada día”, expresó el presidente de Guatemala Arévalo. 


Las extorsiones representan la intrusión de la violencia y la intimidación en la vida cotidiana de las personas, detrás de cada pago forzado hay una historia de miedo, ansiedad y desesperación, son historias de familias que sacrifican sus ahorros para proteger a sus seres queridos. 


Pero más allá de estas realidades individuales, las extorsiones tienen un impacto corrosivo en el tejido mismo de nuestras sociedades. Socavan la confianza en las instituciones, perpetúan la desigualdad económica y frenan el desarrollo social y económico de las comunidades afectadas. 

 
 
 

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